
En muchas ocasiones Barack Obama habla en sus discursos de los héroes anónimos. Personas sencillas que no son conocidas pero que trabajan toda su vida por su familia y sus hijos, haciendo el bien a todos los que le rodean. El propio presidente recordó así a su abuela materna, que falleció el 2 de noviembre de 2008, en el último discurso que dio como candidato a la Casa Blanca en un mitin en Charlotte, Carolina del Norte:
"Ella fue uno de esos héroes callados que hay en América, que no son famosos, que no salen en los periódicos, pero que cada día de su vida trabajan duramente para cuidar a su familia".
Estas palabras de Obama servirían también para una mujer de mi familia que nos ha dejado hoy. Era la "tía Nati" de toda la familia, hermana de mi abuelo paterno, de 86 años. El recuerdo más vivo que tengo de ella es el de una mujer entrañable, que siempre nos dio su cariño. Cuando yo era pequeña, mi abuela, mi hermano y yo íbamos con ella, con "la tía Nati", a hacer "perrunillas", un dulce típico del pueblo. Ella nos enseñó a poner el dedo de manera correcta en las pastas, antes de meterlas en el horno. Todavía recuerdo aquél olor de las perrunillas recién hechas.
Esta mañana, esa heroína anónima, que ha disfrutado de la Semana Santa como más le gustaba, estando con su familia, ha fallecido sin dar ninguna guerra, descansando tranquilamente en su cama. Me gustaría que este post, dedicado a ella, fuera también un homenaje a todas las personas que, como ella, son héroes anónimos. Héroes anónimos que cuando se van, dejan un sincero vacío en el corazón de muchas personas, porque eran BUENAS.
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