jueves, 2 de abril de 2020

El portavoz no nace, se hace (Oratoria Covid19)

Hablar en público bien no es fácil. Lo sé porque me dedico a formar a personas para que lo consigan; y lleva su tiempo, su técnica y sus ganas de aprender. En estos días de Covid19 estamos viendo, más que nunca, comparecencias de diferentes personalidades del gobierno o afines. Dejando de un lado su labor como profesionales en lo suyo y sus afinidades políticas, aquí solo quiero hablar de Oratoria. Porque... ¡No, cualquier persona no puede ser portavoz! "Pero Mónica, ¿cómo dices eso si tu te dedicas en la Escuela Europea de Oratoria a formar personas para ser portavoces?", me podríais decir. A lo que yo contestaría: "no se puede ser portavoz sin estar preparado para ello". ¿Verdad que cualquier actividad en esta vida necesita una preparación? Si quieres jugar al padel, por ejemplo, necesitarás saber las normas de dicho deporte. Si no, tú puedes coger un balón de fútbol, una raqueta de tenis y usar una mesa de ping pong, y hacer lo que te de la gana, pero jugar al padel no estás jugando. 

¿Qué debería saber un portavoz? Ante todo, saber gestionar sus emociones. Cuando te pones delante de un público nunca sabes lo que va a pasar, por lo que tienes que estar preparado para todo. Si tienes miedo de lo que te puedan cuestionar, es lógico que emplees el truco de tener las preguntas por adelantado, pero eso le quita esencia al orador, que debe ser capaz de responder a cualquier cosa que se le plantee. 

Gestionar bien sus tres tipos de lenguaje es fundamental, para dar credibilidad. El ser humano cuenta con tres tipos de lenguajes: el verbal (mensaje), el paraverbal (voz) y el no verbal (cuerpo). Los tres tienen que expresar lo mismo para que el público capte la información creyendo en la persona que habla. Imagina que alguien está explicando que no hay que tocarse los ojos, la nariz y la boca, y sus manos, durante su charla, van precisamente a esas zonas del cuerpo. Si tú le dices a la gente que haga una cosa y tú no lo haces, no resultas coherente, consecuente. El ejemplo, dicen, es la mejor manera de enseñar. Y en esta crisis, no siempre se cumple. ¡Ojo!

Y aunque parezca fundamental, prepararse bien la intervención. En España no hay un gran respeto por la Oratoria, lo cual nos lleva a pensar que, por un lado, cualquier persona que se ponga delante de un grupo con cierta frecuencia ya es un orador bueno (lo cual no es cierto), y por otro, que con salir ahí y contar lo que uno sepa, se le ocurra, o lo que lea del papel, es suficiente. Un orador sólido es el que prepara muy bien su intervención, a fin de que sus afirmaciones no resulten ser perogrulladas destinadas a ser "memes" de por vida. 

En fin, si la crisis sanitaria del Covid19 nos está dando muchas lecciones, una de ellas es que el nivel de Oratoria en este país debe mejorar. ¡A ello nos dedicaremos en cuanto podamos volver al trabajo!

Mónica Pérez de las Heras
Directora de la Escuela Europea de Oratoria

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