domingo, 30 de enero de 2011

¿Sabes aceptar la ayuda de los demás?



El chicho del vídeo parece que sí sabe aceptar la ayuda de la chica. En la vida real, a veces nos cuesta aceptar la ayuda de los demás. El sentimiento de perfeccionismo, que alguna vez he comentado aquí, "más vale ir dejándolo" y cuestiones como el orgullo, el amor propio, etc, hacen que queramos enfrentarnos a los problemas por nosotros mismos, sin el apoyo de los demás. Asumir que no somos perfectos, que no tenemos que saberlo todo y que hay muchas cosas por aprender en esta vida es una decisión emocionalmente inteligente y nos ayuda a crecer.

El pasado domingo un error informático serio provocó que fuera imposible para mí estar en esta pregunta de la semana. Agradezco desde aquí a todas las personas que me han hecho llegar su preocupación por esta situación. Frente a la frustración y la impotencia del primer momento decidí hacer dos cosas interesantes: pedir ayuda (gracias a aquellos que me la han facilitado) y ver el lado bueno de la situación. Afortunadamente, la inteligencia emocional y la Programación Neurolingüística (PNL) ayudan a saber salir de cualquier situación difícil de la vida. Y tú... ¿sabes aceptar la ayuda de los demás?

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2 comentarios:

Blogger Margarita ha dicho...

Desde luego que la se aceptar con gusto y con agradecimiento, siempre y cuando, él/ la que me ayude no me lance el mensaje, que a mi entender le arroja a la cara la rubia, !"Inutil"!
La ayuda, tiene que ser eso, ayuda en todos los ámbitos, material y emocional. Puestos a hilar fino, yo diría que debe ser como la elegancia, que se siente, pero no se hace ostentación de ella.
Cuando recibo ese tipo de ayuda al que hago referencia, no solo me pongo contenta porque me sacan de un atolladero sino, aún mejor, me hace sentir CALOR y AMOR y AGRADECIMIENTO.
Una vez, fuí con un amigo a un restaurante "super-extra-fino", él, el chico, también, como el restaurante, era "super-extra-fino", estábamos en París, la carta estaba en francés y yo no tenía ni idea de lo que pedir, finalmente elegí algo; el camarero tras ver lo pedido, apareció con un montón de cubiertos a cual más extraños y uno a uno, comenzó a ponermelos, despacio y muy ceremoniosamente, a ámbos lados de mi plato. Tragué saliva. Mi amigo, parecía estar a lo suyo...
Finalmente llegó mi plato, !caracoles!. Él,mi amigo, acercó su cabeza un poquito a la mia y como si no se hubiera dado cuenta de mi azoramiento me digo: "Quizás se coman con ese cubierto, ¿no te parece?
!Nada que ver con la rubia!

30 de enero de 2011, 21:19  
Blogger Pablo Olóndriz ha dicho...

Hola Mónica!

Me ha encantado tu libro ¿Estás comunicando? y le he dedicado una entrada en mi blog:

http://todosemprendemos.blogspot.com/2011/01/69-estas-comunicando.html

Espero que te guste,
Saludos!

31 de enero de 2011, 16:16  

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