
Dejar tu casa y todo lo que has conocido de golpe es, desde luego, salir de la zona cómoda. Así le ha ocurrido a Obi. De vivir en un criadero con más de 30 perros, en su mayoría Chow Chow, con su madre, su padre y su hermana, a estar solo conmigo no ha sido fácil. Y sin embargo, se está adaptando mucho mejor de lo que nosotros, los humanos, haríamos. El primer día fue complicado. A su primer viaje en coche, de más de 500 kilómetros, se unía su primer baño, su primer secado de pelo, su primera pose para las fotos. Pasó todo el proceso con una tranquilidad pasmosa. ¿Será emocionalmente inteligente? Es como si fuera consciente de que
saliendo de la zona cómoda se aprende. Y Obi parece dispuesto a aprenderlo rapidamente.
La primera noche fuera de casa, en su nuevo hogar, no ha sido tan traumática. Enseguida encontró un lugar donde acoplarse. El primer despertar ha sido quejicoso, recorriendo toda la casa como si esperara encontrar a su familia a la vuelta de la esquina. Sin embargo, al segundo día ya está bastante adaptado a su nuevo hogar y, aunque no se separa mucho de mi lado, va saboreando poco a poco la independencia.
¿Y nosotros? ¿Cuánto nos cuesta salir de la zona cómoda? Si vas siempre a trabajar por el mismo camino, si llegas a clase y te sientas en la misma silla, si tu estilo de ropa es habitualmente el mismo, si tu círculo de amistades es reducido... así no aprendes, así no creces. La sabiduría de Obi hoy nos invita a salir de la zona cómoda. ¿Te animas?